domingo, 13 de junio de 2010





Hay días en los que puedo llegar a ser todas las canciones que existen, sean alegres o tristes, la mayoría hablan de mí. Hay otros días en las que tan sólo protagonizo las tristes y otros en que soy el completo personaje principal de las alegres. Hay veces que no soy ni el personaje, no existo en ellas, en definitiva, no hablan de mí.
Hay días en que soy un color durante todo el día otros tan sólo soy un color por la mañana y luego me opaco por la tarde y finalmente me fundó en otro por la noche, en algunos, puedo serlos todos a la vez, unidos toda un arcoiris y hay días en que soy total mente incolora.

Hay días en que soy sonrisas y lágrimas juntas, otros en los que tan sólo soy sonrisas y otros en los que sólo me inundan los océanos de lágrimas y en los más desesperantes cuando no llego a ser ninguno de los dos.

Hay veces soy un conjunto de sentimientos y a veces que ni me alcanza para uno. Hay veces que soy todas las palabras con sus definiciones y hay veces, por triste que suene, no tengo una definición y ni tan sólo una mísera palabra que me describa.

Lo más extraño de todo esto, y si has descifrado a través de mis palabras sabrás lo que voy a decirte ahora mismo, es que de todas esas cosas la mayoría de veces soy la última. Soy el no hay canción, no hay color, no hay ni lágrimas ni sonrisas, no hay sentimientos ni palabras…por supuesto que todos tenemos esos días en que no somos nada ni para nosotros mismos ni para nadie, que llegamos a sentirnos tan vacíos y fríos que sientes como lo que no existe se congela a tu alrededor, pero el problema es que yo soy el contrario, soy esa de vez en cuando convertida en rutina ¡sí! exacto vacía y fría simplemente es que no llego ni a ser la letra N de la palabra Nada en fin tengo demasiado frío quizás por lo mismo deliro, tiemblo a cada segundo y la piel de gallina vino para quedarse, parece que no le importa escatimar en mí cada 30 segundos un escalofrío muy amargo recorre mi espalda el café –¿caliente?, ya ni lo noto- que me he tomado hace un rato aún baja muy lentamente mi garganta. Las cortinas están medio abiertas y dejan entrever las nubes acompañadas por sus intimas amigas las estrellas que hay fuera. La música que suena por puro azar parece que acompañe el ritmo de mi corazón, tan pausada, lenta y temerosa, cada palabra es de tristeza, soy la mismísima palabra, melancolía ya no recuerdo como suenan las olas del mar cuando chocan con las rocas, ya he olvidado el olor a lluvia y el sentimiento que iba desencadenado al olerla. Escribo palabras sin sentido en medio de un caos irreversible, no hay remedio. La noche lo ha congelado todo y yo navego a la deriva encima de mi colchón y todo está tan, tan frío.

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